Oscuridad. Una respiración entrecortada. El graznido de un cuervo. Jason Todd narra: “Me dejaron morir. Gotham siguió respirando. Pero yo no.” Así comienza un especial de una hora contado desde su mirada: Red Hood, resucitado por un Ra’s al Ghul alternativo en otro universo. El Pozo de Lázaro lo devuelve con rabia y odio multiplicados, y Ra’s lo manipula: debe demostrar que es más fuerte que Bruce, cazando a un Batman envejecido y brutal, eco del Caballero Oscuro de The Dark Knight Returns.
Lo que para Bruce es combate, para Jason es pesadilla: cada golpe revive su muerte y la sensación de haber sido abandonado. Sus hombres caen uno a uno, destrozados por un Batman monstruoso. En medio de la cacería, aparece una figura inesperada: Alfred, pero de otro universo, un hombre que perdió a su Bruce. El breve encuentro conmueve a ambos y abre una grieta en la rabia de Jason.
El clímax ocurre en las ruinas de la Liga: Red Hood y Batman se enfrentan a muerte. Jason recuerda destellos de su pasado: Bruce como mentor, Alfred como padre. La rabia se quiebra: no odia a Bruce por dejarlo morir, sino porque lo amaba. El combate se transforma en catarsis: juntos enfrentan y derrotan a Ra’s al Ghul.
El final es melancólico: Bruce cuelga la capucha para siempre; Jason acepta su lugar no como enemigo, sino como aliado. En la azotea de Gotham, sostiene la capucha roja mientras la Batseñal brilla en el cielo. Por primera vez, sonríe.